Preguntas que llegan antes de encender el micro
Casi todas las dudas se repiten: cuánto dura una grabación, qué se hace con las muletillas, quién revisa la transcripción. Aquí van las respuestas tal como las damos en cabina, sin vueltas legales ni promesas raras.
¿Cómo es una sesión de grabación en el estudio?
Se agenda una hora de conversación previa para entender el oficio y armar un guion anotado con preguntas abiertas. La grabación suele extenderse entre dos y tres horas, en multipista, con dos micrófonos dinámicos sobre soportes y un tercero de ambiente. No se corta la charla por silencios ni por titubeos: esas pausas son parte del relato y se conservan en la edición.
¿Qué pasa si me equivoco o repito una idea?
Nada grave. La edición es manual y respeta las repeticiones cuando aportan ritmo. Solo se recortan los arranques fallidos que no dicen nada, y siempre se avisa al invitado qué fragmentos quedaron fuera antes de publicar. La idea no es dejar una voz perfecta, sino una voz reconocible.
¿Quién corrige la transcripción del episodio?
La transcripción se hace a mano y luego la revisa el propio entrevistado. Se corrigen nombres de calles, oficios, marcas de herramientas y cualquier término técnico que la máquina no distinga. Es un paso lento, pero es la única forma de que las notas de episodio sirvan como archivo y no como adorno.
¿Puedo escuchar el audio antes de que se publique?
Sí. Se envía una copia de trabajo con la mezcla casi cerrada para que el invitado escuche cómo suena su voz y pida ajustes de volumen o de corte. Si algo no le representa, se vuelve a editar. La publicación de cada temporada se coordina después de esa revisión.
¿Grabamos en el estudio o en mi taller?
Depende del oficio. La cabina tratada acústicamente funciona bien para conversaciones largas y para voces que necesitan silencio. Cuando el relato vive en el lugar, se traslada el equipo portátil al taller, la cocina o el puesto de mercado, y se asume el ruido del entorno como parte del episodio.
¿Qué necesito llevar a la primera conversación?
Nada formal. Basta con ganas de contar el oficio y algo de paciencia para hablar despacio. Si hay fotos antiguas, cuadernos de cuentas o herramientas que ya no se usan, sirven como punto de partida. La sesión de prueba es justamente para ver si la historia aguanta dos horas de micrófono.